Cuando la realidad supera la ficción

Vale, lo confieso, soy muy fan del fenómeno zombie,  tanto que alguna vez he soñado con las calles al estilo Resident evil o The walking dead y he disfrutado del sueño. Normalmente, cuando uno ve ese tipo de series o películas, sea fan o no, en algún momento le viene a la mente cómo actuaría si en la realidad pasase algo así. Ese estilo cinematográfico focaliza mucho el fenómeno supervivencia, y marca más la peligrosidad de los vivos que de los muertos.
Un «friki» como yo se plantea ciertas preguntas:
¿Por qué no consiguen parar el apocalipsis? Y
¿Por qué los vivos son más peligrosos que los zombies?

La respuesta lamentablemente la he tenido este año 2020. El COVID-19 ha sido prácticamente un apocalipsis zombie, solo ha faltado que los muertos andasen. Y esto ha mostrado la realidad de cómo actuaríamos si las películas fuesen reales.
Comenzó todo esto con aplausos en los balcones, detalles y ayudas entre vecinos, mensajes de apoyo a sanitarios y, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, pensamientos confusos sobre unas pequeñas vacaciones laborales y poco a poco sacamos a relucir la realidad. Lejos de hacer caso de las medidas y ser cautos, decidimos hacer compras compulsivas, acabando con las existencias de ciertos productos, algunos de ellos sorprendentes, sin pensar en que dejábamos al vecino sin él. Ande yo caliente… Desde nuestras ventanas nos convertimos en «policías de balcón«. En ocasiones, era más entretenido el espectáculo que la calle nos ofrecía que lo que la televisión emitía.

Comenzamos a devaluar el trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado por querer denunciarnos si nos saltábamos las normas, hemos devaluado el trabajo intenso de sanitarios, que día tras día se exponen a contagiarse, y parece que nos da igual. Incluso algunos se inventaron nuevas formas de poder salir a la calle sin ser increpados, paseos excesivos de mascotas, realización de ejercicio físico en la calle o paseos con bolsas de plástico emulando hacer la compra.

¿Tan horrible era respetar el confinamiento?
Pensemos. Si fuese un apocalipsis zombie, habríamos mostrado lo fácil que sería propagar el virus sin ningún control pese a saber que estaba entre nosotros.
Pasaban los días, semanas y meses, (no entraré a evaluar la gestión política, no me concierne), y la gente, lejos de aprender, más se alteraba, más se enfadaba y más se encrespaba. El miedo a contagiarse, haber tenido a alguien cerca contagiado, la pérdida del empleo, la pérdida de ingresos económicos, pagos, inestabilidad futura, administraciones públicas desbordadas y sensación de descontrol hacía crecer ese apocalipsis y de nuevo salía a relucir la realidad. Peleas en la calle por una mascarilla, en transportes públicos o establecimientos, todo por no querer cumplir las normas, llevar una mascarilla. Algunos pasaban del distanciamiento social, otros no aguantaban el no ir a fiestas descontroladas, abrazos excesivos, establecimientos descontrolados, besos, cubatas compartidos o aglomeraciones, dibujó un verano raro. Un verano en el que, emulando el fenómeno de los muertos vivientes, la mayoría de gente decidió marcharse al monte, jamás he visto en redes sociales tanta gente subiendo montañas. Seguramente huyendo de la civilización, de las aglomeraciones y de los contagios, sí, emulando una película de zombies.

El conflicto de llevar o no la mascarilla acabaría en numerosas ocasiones en agresiones entre vecinos, incluso en reproches y leyes con una verborrea simple hacia un policía que tan solo hacía su trabajo. Toser en la calle de forma voluntaria se ha convertido en una nueva forma de agresión. Toser, sin querer, te convierte en persona «non grata«. No entraré tampoco en si hay gente con problemas respiratorios o no. Tan solo me pregunto: ¿esa gente no teme ser contagiado? Y si a ellos les da igual, ¿no temen contagiar a alguien vulnerable cercano a ellos?.
Hay numerosos ancianos encerrados en residencias de la tercera edad sin poder ver a su familia desde hace cuantiosos meses debido a esto. Piénsalo. Ahí llegó mi respuesta a la segunda pregunta. Son más peligrosos los vivos que los muertos porque el egoísmo no nos deja ver más allá de nosotros mismos, sin preocuparnos lo que pueda pasar en la puerta de al lado. Repito, no entraré a opinar sobre la gestión política. Simplemente invito a reflexionar, sabedor de la situación tan mala que pasan muchas familias, tanto de salud como económicamente, el miedo a volver a recuperar el empleo o las dudas sobre cómo se resolverá este problema. Todo esto, lo único que hace es aumentar la desesperación y el desasosiego de todo lo que nos rodea, (y venga, lo diré), la inseguridad que transmiten nuestros responsables políticos (sea el color que sea), no ayuda.

Vivimos en un constante estado de alarma social, cualquier cosa nos enfada, nos entristece y nos satura. Resultado de todo lo que nos rodea. Seamos cautos, seamos positivos, abracemos en la medida de lo razonable a nuestros seres queridos, disfrutemos de la vida respetando las normas. Se puede. Estoy seguro. Busquemos la forma de continuar, busquemos la forma de evolucionar, busquemos la forma de sonreír cada día, un objetivo, una meta. Nunca llueve eternamente. Tarde o temprano todo se resolverá de algún modo. Preocupémonos de cuidarnos, de cuidar de los nuestros y de conseguir que esto se quede como una anécdota en años venideros.
Muchos se han quedado por el camino, mientras otros muchos no pueden aguantar sin estar de fiesta multitudinaria, aglomerándose en establecimientos irresponsables o saltándose las normas tan solo por plantar cara a la vida. Si toda esa serie de acciones se hubiesen hecho de una forma más responsable…

Si alguien se da por aludido, no pretendo molestar, pero sí, hacer reflexionar. Cierto es que la vida no espera, pero si somos inteligentes podremos volver a sonreír sin temor. Se ha perdido la sonrisa de un saludo bajo una mascarilla, se ha perdido la amabilidad en la calle. Sonriamos. Es tiempo de luchar, levantarse, reinventarse y seguir. A fin de cuentas en las series y películas de zombies la finalidad siempre es la aceptación y normalización de ciertas normas para crear una nueva convivencia dentro del civismo y así ser feliz. Imitémoslo.