El poder de la música

Era una mañana como otra cualquiera, mi estado anímico era el de siempre, sonriente y positivo. Iba conduciendo y en la radio pusieron una canción de esas que te hacen retroceder en el tiempo, no muy antigua, pero sí de las que te teletransportan años atrás y en este caso a un momento duro. Cuando quise darme cuenta tenía el vello erizado y me caían algunas lagrimillas por el interior del ojo. Esa melodía me hizo volver a un momento exacto. Aquel que tan mal lo pasé y que por determinadas situaciones asocié.

Pero seamos positivos, eso mismo puede pasarnos pero para bien, puede asociarnos a momentos que tenemos un bonito recuerdo de ellos, canciones que cada vez que escuchas te hacen subir la serotonina. Es curioso cómo una canción puede ubicarnos en otro tiempo, cómo puede hacernos volar. Es capaz de teletransportarnos a un lugar y un momento exacto.

La música es necesaria para vivir, para acompañarnos en la vida. Un cúmulo de notas musicales compone una  melodía capaz de hacernos sentir sensaciones únicas. Risas, pasión, euforia, tristeza, melancolía…

Las canciones nos acompañarán durante toda la vida. No podemos vivir sin ella, sea cual sea tu gusto musical, te hará sentir cada una de las sensaciones nombradas anteriormente. Es esencial para vivir, incluso mostramos nuestro estado de ánimo con ella. Cantamos en el coche, en la ducha, mientras limpiamos, mientras cocinamos, para dormir a nuestros hijos, hasta algunos le cantamos a nuestras mascotas.

Su asociación es tal, que todos cometimos en algún momento el error de poner una canción como despertador, y tuvimos que cambiarla porque estábamos empezando a cogerle asco. ¿No te ha pasado?

Dime la verdad. Puede que no hayas escuchado nunca Camela, pero y si te digo:

“Sueño contigo…”  ¿Sabrías acabar la frase? Sí, seguro que sí.

Así es la música, capaz de hacer que nuestro cerebro asocie melodías que jamás pensamos que lo haría. Por cierto, yo tampoco escucho Camela, pero me las sé todas.

Las maravillas del poder de la música.

“Dale a tu cuerpo alegría…”

“Y ese toro enamorado de…”

“Hakuna Matata vive y deja…”

Así de maravillosa es. ¿A qué sabes acabar todas esas frases mientras las cantabas?

Una canción es capaz de recordarnos un momento, una situación, un beso, un abrazo, un adiós… Capaz de dibujarnos en la mente la cara de alguien, de hacernos retroceder en el tiempo, de hacernos llorar, de encogernos el alma, de erizarnos la piel.

Voy a mostraros algunos de los mandamientos de la música en tu vida.

  • Cantar a viva voz cogido a un amig@ es una de las sensaciones más antiestrés que existen.
  • Bailar abrazado a la persona que amas es una de las cosas más bonitas que hay.
  • Cantar  “Ave María” de David Bisbal a gritos con dos copitas en el cuerpo, “Fiesta pagana” de Mago de Oz, o bailar “Follow the leader” de TSB es obligatorio.
  • Pensar que la canción que suena está escrita de un fragmento de tu vida.
  • Bailar “Saturday Night”, o lo que es lo mismo, “Sararinai naninani nani naná”
  • Que no te guste el Karaoke, pero minutos más tarde, Alejandro Sanz, Alex Ubago, Bisbal o Mecano se queden a la altura del betún con tus puestas en escena.

Todos tenemos una banda sonora de nuestra vida, todos tenemos gustos musicales totalmente distintos, y eso hace de la música algo delicioso. Todas nuestras situaciones cotidianas nos hacen editarla. Trozos alegres, trozos tristes, trozos melancólicos y trozos movidos. Todo lo que nos pasa compone nuestra banda sonora de la vida, y de nosotros depende que todo el que nos conoce la recuerde.