El SEPE les desea Feliz Navidad

El pasado mes de marzo, como casi un millón de personas en este país, sufrí un ERTE. Desde ese mismo momento empezó esa batalla que tanta gente ha tenido con el servicio público durante la pandemia. Mi problema no fue no cobrarlo, mi problema fue que la cuantía a percibir era casi el doble de lo que me estaban pagando. Así, como en tantas casas, se hacía complicada la convivencia económica del hogar. A fin de cuentas, las empresas privadas y de suministros llegaban todos los meses puntuales, pese a las facilidades de algunos bancos.

Después de más de cincuenta llamadas, varias cartas certificadas y docenas de correos electrónicos conseguí que en agosto, un responsable del SEPE me llamase y me atendiera.  Apenas una semana antes una mujer encantadora del SEPE había atendido y resuelto de una forma espléndida el problema de uno de mis compañeros. Por eso, la conversación la empecé yo plasmando mi alegría de ser atendido, por fin, y pidiendo, por favor, que me lo solucionase. Su frase: “La Administración entrará de oficio”.

¿Cómo? ¿Cuándo?

Esto empezó en marzo y era agosto, y los pagos no esperaban. ¿Cuándo se supone que iba a entrar la Administración Pública de oficio?

Tras una conversación muy a la defensiva por parte de ambos, la persona responsable decidió colgarme y dejarme con la palabra en la boca. No sin antes decirme en varias ocasiones que podía resolver mi problema, pero no iba a hacerlo porque la Administración Pública lo haría de oficio.

En cuanto me quedé con el teléfono colgado en la oreja y a media palabra en la boca, decidí aparecer de forma presencial en mi oficina, pidiendo así que saliese el responsable tras lo sucedido. Cinco meses esperando una respuesta o solución y se me colgó. Pues bien, el responsable de la oficina me atendió de una forma sublime, cortés y educada, me habló del desborde evidente que sufría la Administración Pública ante esta situación tan peculiar y me pidió disculpas. En septiembre cobre hasta el último céntimo que se me debía.

Hoy por hoy, sigo en un ERTE, está la cosa complicada, es un hecho. Pues bien, en  octubre y tras la modificación de prórroga de ERTEs, la Administración Pública se equivocó y me calculó más dinero del que debería recibir, conocedor, decidí intentar localizarlos para avisarles, sin respuesta. Aparté ese dinero para cuando me lo pidieran, que lo iban a pedir. Y la sorpresa ha llegado en forma de regalo de Navidad. El pasado viernes recibí una notificación del SEPE que me informaba de que este mes de diciembre no voy a recibir “ni un euro”. La solución a su error y acogiéndose a las nuevas normas de los ERTEs ha sido dejar a miles de personas sin su prestación en el mes de diciembre. El SEPE les desea Feliz Navidad.

Seré positivo, se supone que para enero solucionarán el problema y recibiré la cantidad que debo,  pero esto me hace reflexionar.

  • En lugar de restar la cantidad mal pagada a la cantidad a ingresar, ¿es mejor dejar sin ingresos al trabajador durante un mes? ¿En plena Navidad?
  • Ocho o nueve meses después, la Administración Pública sigue dando palos de ciego.
  • No critico la actuación de sus trabajadores, será como en todos los lados, habrá más y menos eficientes.
  • La declaración de la renta del año que viene va a ser muy complicada.
  • Todos los meses hay que seguir pagando cosas, mientras se continúa sin resolver  el bienestar de los trabadores en ERTE.
  • Quizá esa gente de traje y corbata del Congreso debería empezar a actuar y prestar más atención a una ciudadanía que económica y sanitariamente va a la deriva.

¿Hasta cuándo va a continuar esta inestabilidad económica por parte de la Administración Pública?

Vivimos en un constante estado de alarma económico como para no haber podido solventar los cuantiosos problemas que están surgiendo en el SEPE, mientras, debemos continuar, seguir luchando y confiar en que todo saldrá bien. Puedo intentar buscar el lado reflexivo de esta situación, pero quizá son otros los que deben reflexionar. A fin de cuentas, estas Navidades no van a ser como las demás, no debería haber cenas de empresa, no debería de haber comidas familiares, no debería de haber tantas cosas…

Regalos, en fin. Por lo menos que haya regalos.