La salud como premio

“¡Este año es el bueno, este año me toca!” Admítelo, en algún momento de las últimas semanas has dicho esa frase. Pues ya está aquí. Ya tenemos el sorteo de Navidad. Ese sorteo en el que tanta gente tiene las esperanzas depositadas para ser rico, cubrir parches o salir de un momento económicamente algo comprometido.  Pero este año es distinto, este año no es como los demás.

Llega ese momento de gastarse el dinero en números que hacen referencia a una fecha de nacimiento, de aniversario, que tienen un simbolismo por alguna situación cotidiana, que te generan confianza, o simplemente por superstición. Es ese momento hasta de buscar por toda España el número con el que tu hija pequeña soñó.

El profundo problema económico en el que está sumergido el país con todo esto del coronavirus convierte el sorteo de este año en una burbuja de aire para muchas familias que lo están pasando realmente mal. Entre mascarillas, desinfectantes, ERTES, despidos, contagios, restricciones, estados de alarma, cobros indebidos, prohibiciones y un estado mental destructivo acumulan un ambiente enrarecido en un sorteo que puede hacer que en algunos hogares españoles se acabe el año con una sonrisa. Y es que, en plena crisis sanitaria, la frase, “por lo menos tenemos salud”, quizá a muchos tampoco les valga.

Ayer día 21 de diciembre a última hora del día se veía numerosas colas en las administraciones de lotería, puede que sea lo normal de todos los años, pero a mí no me daba esa sensación. La gente se quiere acoger al último tren del año para acabar sonriendo, incluso lamentablemente, algunos hogares tengan como necesidad obligatoria y prácticamente irreparable la de ganar algo este año.

Y es que todos soñamos con que nuestro número sea el GORDO, el ganador. Que esos niños con voz angelical y con una pronunciación exquisita canten uno de los números que tenemos sobre la mesa, uno de esos números que hagan de ese momento algo inigualable e inexplicable. Todos soñamos con ser esa persona frente a las cámaras que cuenta una anécdota increíble de cómo conseguiste el décimo ganador. Sí, ese día todos queremos ser envidiados.

Pero este año es distinto.

  • Este año es distinto, mucha gente que en una situación normal estaría trabajando sin saber lo pasa en el sorteo, esperando a que suene el teléfono móvil y que algún familiar o amigo le diga que son ricos, este año podrá ver el sorteo. Pondrá sus números sobre la mesa y como el que juega al bingo cruzará los dedos.
  • Este año es distinto, la gente que salga con champán en las calles celebrando el premio, será envidiada de verdad, serán los privilegiados.
  • Este año es distinto, las lágrimas de un ganador/a en la televisión diciendo aquello de  “lo necesitábamos, lo estábamos pasando muy mal”, no será consuelo, este año millones de familias lo necesitan, millones de personas lo están pasando mal.
  • Este año es distinto, seguramente más gente que nunca no vea las noticias para que no le pongan los dientes largos.
  • Este año es distinto, se nos permite odiar un poquito a los ganadores. Sí, porque este año es distinto.

Seguramente lleves semanas diciendo cómo repartirías el premio si te tocase, ya tienes elegido hasta el lugar del colchón donde guardarlo y dónde te irías de viaje y con quién lo repartirías, pero la verdadera historia es que el día del sorteo es un día más, un día en el que sale el sol y se pondrá. Un día normal. Y oye, ojalá me equivoque y alguien me escriba para decir que me equivocaba pero, seamos realistas, no nos habrá tocado nada.

Pero no te enfades. Quizá deberíamos valorar de forma real el valor de la salud, el valor de estar viviendo esta crisis sanitaria y seguir teniendo a los nuestros al lado. Valoremos una cerveza con amigos, la pachanga de los domingos, un evento multitudinario, una vida como la de antes. A fin de cuentas, es prácticamente imposible que nos toque la lotería, por eso en este año tan desagradable, sí que es de celebrar que “por lo menos tengamos salud”.